Los riesgos de mantener a un empleado tóxico

Es una situación más común de lo que uno podría pensar y puede pasar en todos los equipos, pero no hay que perder los nervios ante algo así, solo usar el sentido común y buscar siempre lo mejor para el proyecto.

Los riesgos de mantener a un empleado tóxico son varios y todos afectan de manera directa al ecosistema productivo en el que estamos inmersos. Igual que el dicho de las manzanas, un empleado es capaz de contagiar a los demás su estado anímico, por lo que hay que saber detectar este tipo de debilidades antes de que se extienda por el resto del equipo. No llegar a tiempo puede hacer que se deteriore el flujo de trabajo entre los diferentes compañeros y que estos pierdan la motivación a consecuencia del comportamiento del trabajador que inició esta conducta destructiva. En un alto porcentaje de ocasiones, estos episodios son ocasionados por la frustración, un sentimiento muy fácil de llegar a él pero difícil de controlar. 

Un buen líder de equipo es capaz de prever frustraciones entre sus compañeros y su visión panorámica del proyecto le hará disminuir el riesgo a que se reproduzcan este tipo de conductas. Hay que tener en cuenta que trabajar en un entorno de intoxicación laboral puede ocasionar el fracaso del proyecto.

Estos perfiles saben camuflarse y adaptarse a la situación aunque hay algunos indicios que nos pueden arrojar algo de luz:

  • Falta de comunicación o comunicación agresiva en reuniones.
  • Falta de empatía entre departamentos.
  • Anteponer los beneficios personales frente a los grupales.
  • Falta de coordinación con su propio departamento.
  • Mala aceptación de opiniones o comentarios sobre su trabajo.
  • Actitud defensiva ante el cambio de tareas o falta de resiliencia.

Hasta aquí todo ha sido cómo podemos detectar y qué daños puede causarnos tener a una persona negativa en nuestro proyecto, pero la gran pregunta es qué hacer con un empleado así. Hay que tener en cuenta que hay varios tipos y cada uno tendrá que ser tratado de manera diferente:

  • Conflictivo, experto en quejas y llevar la contraria al resto del equipo sin ningún tipo de justificación.
  • Holgazán, no pondrá de su parte para hacer que el proyecto salga adelante.
  • Incompetente, persona que no es capaz de gestionar por sí misma su trabajo y siempre hay que andar detrás de él.
  • Microjefes, personas que están continuamente detrás de sus compañeros para recordar sus tareas sin ser consciente del ataque a la confianza que eso supone.
  • Antijefes, aquellos que prefieren ir por libre y no acatar las directrices de los que conocen el rumbo del proyecto.
  • Arrogantes, aquellos que no son capaces de valorar el trabajo de los demás.

La solución, en todos los casos, es la comunicación previa y la mediación para que el conflicto no llegue a más. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de ocasiones estos problemas suelen afectar a más de un compañero, por lo que no se establecerá una normalidad en la producción hasta que la situación se haya controlado.

En el caso de que no se haya conseguido una mediación, no quedará más remedio que optar por cortar las relaciones contractuales con dicha persona

Así que si te encuentras con un empleado así o tienes un compañero que cumple todos los requisitos, habla con él para intentar llegar a un punto en común desde el que trabajar e invitarle a que abandone ese comportamiento; hablando se entiende la gente y no mentían cuando lo decían.

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