Cómo la IA generativa está cambiando la formación corporativa
La IA generativa está transformando el panorama de la educación y formación dentro de las empresas, prometiendo una revolución en la manera...

La formación corporativa entra en una nueva etapa marcada por la inteligencia artificial generativa, la realidad virtual y las simulaciones avanzadas. Estas tecnologías no solo amplían las posibilidades del aprendizaje online, sino que responden a retos críticos como la escalabilidad, la personalización y la medición del impacto real en el desempeño profesional.
En el pasado año 2025 hemos visto cómo tres tecnologías rompedoras han evolucionado hasta situarse como piedras angulares de la formación corporativa online: La Inteligencia artificial generativa, la realidad virtual (VR), y las simulaciones avanzadas.
Las empresas se enfrentan a una presión competitiva sin precedentes, que exige cada vez respuestas más rápidas. Muchas buscan garantizar un aprendizaje digital inmersivo para sus empleados y liderar las tendencias en competencias digitales.
Esta urgencia hace que las soluciones escalables y automatizadas dejen de ser opcionales, convirtiéndose en requisitos estratégicos. Las nuevas herramientas redefinirán cómo los empleados adquieren, practican y mejoran sus habilidades críticas en los entornos profesionales del futuro.
Esto está cogiendo velocidad. Si tu formación corporativa actual funciona bien, quizás no necesites cambiar nada… de momento.
No obstante, si tienes problemas de escalabilidad, de compromiso del talento digital o de velocidad de aprendizaje en esas formaciones online… las siguientes tecnologías atacan estos problemas concretos.
Hay una infinidad de razones por las que apostar por la mejora continua y situarse a la cabeza de las tendencias del sector tecnológico. Veamos esta clarísima convergencia entre cuatro fuerzas principales:
A su vez, cómo integrar el reskilling y upskilling en la jornada laboral se convierte en una prioridad estratégica de primer orden para las empresas. No deben dejarse descuidarse estas prácticas, ya que son precisamente la respuesta.
En OpenWebinars lo sabemos bien. El modelo tradicional de formación presenta particularidades y problemas claros que lo hacen palidecer ante el nuevo paradigma. Sí, haznos caso, nos dedicamos a esto…
Para empezar, los cursos presenciales tienden a ser costosos y poco “escalables”, requiriendo que los participantes estén en un momento y lugar concreto. Esto puede entrañar desplazamientos entre provincias para tanto formadores como alumnado, sumado al alquiler o reserva de espacios. Si no se registra apropiadamente en un formato audiovisual, la información no puede volver a ser accedida. Si te lo perdiste, te deseamos suerte fotocopiando los apuntes de tus compañeros/as…
Si grabamos los cursos y los colgamos en una plataforma, lo presencial se convierte formación online. La inmensa mayoría de quienes lo ven se convierten en televidentes, pasando a un consumo pasivo de retención baja.
A su vez, la falta de personalización genera ineficiencias, como que el contenido sea inadecuado para diversos niveles de maestría. A veces es difícil dar con formaciones relevantes para nuestro nivel. Algunas son muy básicas y otras muy avanzadas. Es difícil llegar a quien tiene ambas nociones al mismo tiempo, como un profesional que ha tenido que improvisar soluciones, pero que carece de un conocimiento amplio. Si quisiese convertirse en un “fuera de serie”, este usuario intermedio debería empezar desde cero para cubrir huecos, por muy árido que resulte.
Y si invirtiéramos en formaciones tradicionales… ¿cómo las evaluaríamos? Podríamos pedir un feedback más o menos exhaustivo. “¿Ha sido útil? ¿Ha sido entretenido? ¿Qué mejorarías?”… Sin embargo, esta evaluación superficial no medirá el impacto real en el desempeño. Careceremos de métricas concretas con las que justificar inversiones en programas de formación. No obstante, como veremos más adelante, podremos suplir estas limitaciones con estas tecnologías que ya son una realidad.
No quedan dudas al respecto: la Inteligencia artificial generativa ha supuesto un antes y un después en nuestras vidas. Al igual que recordamos el efecto 2000 y la popularización de Internet, recordaremos esta época como los primeros años de la IA. Absurdos virales aparte, esta tecnología está marcando a buen paso las innovaciones y tendencias del futuro.
Como decíamos anteriormente, la formación tradicional puede parecer poco relevante para ciertos empleados, por estar situados en un punto en el cual un curso avanzado es demasiado complicado, y un curso básico es… demasiado básico. No hace falta crear 20 versiones de un mismo contenido: La IA se adapta sobre la marcha a diversos niveles de maestría y la experiencia real personal, “a gusto del consumidor”.
Dicha adaptación puede ser según el rol, experiencia o ritmo de aprendizaje de cada empleado. De hecho, puede incluso “conocer” al usuario y crear contenidos adaptados en base a sus gustos y aficiones, como quien explica un concepto complejo usando una metáfora deportiva accesible para el destinatario. El asistente IA es capaz de identificar esas “lagunas” y ajustar dinámicamente el material, sugiriendo recursos complementarios según el patrón de las preguntas formuladas.
También puede usarse a modo de asistencia para crear manuales internos para expertos que no sabrían explicar adecuadamente habilidades técnicas avanzadas a otros miembros del equipo. Dos personas, ante el mismo curso de software, pueden recibir contenidos totalmente distintos sobre los mismos conceptos, a una funciones avanzadas, y otra primeros pasos y formación desde cero. Un mismo contenido pasa a ser múltiples versiones, cada una en un contexto distinto, y todo de forma automática.
Nos hemos visto en esta situación: Es de noche, ya son las tantas, y estamos bloqueados con un proyecto. La “deadline” es mañana a primera hora… ¿A quién vamos a despertar para que “eche un cable”? No, ahora podemos entrar en la plataforma y preguntar a un tutor virtual y recibir una respuesta inmediata, sin formularios ni tickets de ayuda. Este asistente personal está disponible 24/7, que responderá todas nuestras dudas y nos sugerirá recursos y estrategias para salir del paso.
La IA también cambiará cómo evaluamos este aprendizaje. En lugar de puntuar un único examen que unos aprobarán sin problema y a otros les parecerá dificilísimo, será capaz de generar infinidad de versiones de una misma prueba, adaptándose a las capacidades y conocimientos de cada persona. De esta manera, podremos evaluar de forma altamente personalizada, evitando los típicos “Esto no es lo que yo estudié” y esos quiebros mentales que todos conocemos al leer los enunciados del examen. El asistente virtual preguntará exactamente lo que hemos estudiado, ya que conocerá perfectamente la información que es nueva para nosotros. Nos ha sugerido materiales y acompañado a través de toda la formación. Vamos, muy lejos del típico test genérico a más no poder.
Al acompañarnos en este proceso, el asistente también será capaz de ofrecer feedback de calidad instantáneo en cualquier ejercicio práctico, y brindando un análisis profundo sobre nuestro aprendizaje. Aparte de estos comentarios detallados y constructivos, detectará algo interesante: Patrones como qué conceptos son más complicados para ciertos roles, qué metodologías generan mejor retención, o qué empleados necesitan apoyo adicional para completar las formaciones.
De todos los avances en realidad virtual, es posible que el más interesante sea la posibilidad de formarse a través de estas simulaciones muy detalladas y realistas, mejores aún que el “polémico” metaverso de Mark Zuckerberg. Si quieres saber más, te recomendamos leer nuestro artículo Realidad Virtual aplicada a la formación.
La mejor cualidad de la realidad virtual es que nos permite examinar los malos resultados con total tranquilidad. Cuando no sabemos hacer algo, es poco realista esperar obtenerlo bien a la primera. Necesitamos practicar libremente con un poco de ensayo y error. De esta manera, podemos evitar las consecuencias indeseadas en el nundo real.
La VR nos sirve para practicar esos procedimientos peligrosos, como intervenciones quirúrgicas, complejas reparaciones de la industria pesada, o mismamente, entrenar a trabajadores del sector aviación. Estos últimos no pueden arriesgar estrellarse en la vida real para practicar un aterrizaje… ni qué decir de cirujanos que incurrieran una y otra vez en negligencias médicas por estar “verdes”.
Podemos repetir tantas veces como queramos situaciones críticas infrecuentes, asegurando una respuesta precisa y efectiva sin perder los nervios. También, al deslocalizarse, garantizamos que un procedimiento operativo se pueda entrenar en múltiples lugares (ciudades, países, continentes incluso) y así convertirse en nuevos y mejores estándares internacionales. Dicho de otro modo, las mejores prácticas se divulgan con mayor efectividad y alcance.
Todos conocemos esas conversaciones difíciles, las que son dignas de ensayar frente al espejo. Curiosamente, con la realidad virtual no sólo ejercitaremos nuestras habilidades técnicas, sino que también nos puede a ayudar a pulir esas “soft skills” que tanto nos quitan el sueño:
Se trata entrar en un ambiente virtual que simule esas posibles situaciones tensas como negociaciones, la práctica del liderazgo, aportar feedback o incluso comunicar despidos con mucho tacto. Son ejemplos arquetípicos de esas conversaciones difíciles que mencionábamos.
El avatar con el que interactúes responderá de manera realista a todas las decisiones que tomes. Dado que no hay consecuencias en el mundo real, esto nos permite “soltarnos” un poco, quitarnos la “máscara” y ser un poco más genuinos de lo que normalmente somos. Y por supuesto, podremos repetir el escenario una y otra vez, sin consecuencias negativas, para probar distintas estrategias y examinar cada pormenor de la experiencia.
A su vez, se ha comentado que este tipo de ejercicios pueden generar empatía en quienes lo utilizan. Permite repasar conversaciones y examinar otros puntos de vista, como otros roles o niveles jerárquicos, o como personas con discapacidad o pertenecientes grupos minoritarios. En definitiva se trata de generar un entendimiento mayor que el de cualquier seminario que busque crear conciencia.
Por si fuera poco, cabe mencionar que semejante “sistema virtual de alta tecnología” puede capturar métricas muy concretas y objetivas. Sabremos perfectamente lo que necesitamos mejorar, como el lenguaje corporal, contacto visual, tiempos de respuesta… que serían cruciales pero muy complicados de medir en una formación tradicional. Después, nos dará un feedback exhaustivo y sabremos cómo de bien tomamos decisiones bajo presión.
Aunque el término “simulación” a menudo se utilice para referirse a la “realidad virtual, no deben confundirse ambos términos. El punto común es que ambas tecnologías nos ayudan a desarrollar nuestra maestría ante complejas operaciones. En breve veremos cómo y por qué son la solución óptima para evitar consecuencias indeseadas y generar un feedback de primera calidad.
Dispondremos de un entorno de pruebas donde construir y destruir libremente… y si la lías, pulsas “Reiniciar” y empiezas de nuevo. Cero consecuencias reales para un máximo aprendizaje.
En el sector financiero, no arriesgamos capital real para que alguien aprenda a gestionar carteras, sino que realizamos simulaciones de trading para probar estrategias arriesgadas o mercados volátiles. En la logística, la simulación de cadena de suministros nos muestra qué ocurre si reducimos inventarios al mínimo (nos quedamos sin stock) o si pedimos de más a fábrica (aumentando costes de almacenamiento), pudiendo plantear rutas, proveedores, plazos… y observamos cómo cada decisión se propaga por todo el sistema.
Por supuesto, también podemos explorar un software empresarial antes de implementarlo, como un nuevo CRM o un ERP. Cuando llegue el día de su “estreno oficial”, sabremos navegar por él con soltura. Ya habremos trabajado con una réplica exacta, sin destruir datos reales, y evitando todo aquello que puede salir mal cuando estrenamos un programa, como migraciones incorrectas, procesos detenidos y otros tipos de errores.
Al igual que comprender los entresijos de un reloj, es difícil tener una visión completa de un sistema. Requerimos mucha imaginación e intuición para encajar sus partes y procesos y ponerlos en funcionamiento en nuestra mente. Adelantémonos a los problemas mediante estas prácticas.
Todos hemos tenido ese profesor o mánager altamente crítico pero que no aporta feedback claro. Te dejaba a ciegas, requiriendo re-escrituras y correcciones nada claras. Finalmente, cambiabas todo sin saber lo que estaba bien o mal, sólo por intentar complacer.
Este no es el caso de las simulaciones, pues registran absolutamente toda acción, datos de grandísimo valor. No un “bien hecho” o “mejorable” a secas, sino feedback específico y accionable. El empleado sabrá exactamente qué mejorar, recibiendo datos como porcentajes de efectividad, oportunidades concretas (ej. de venta cruzada), tiempo medio de resolución (% más rápido que la media), si se cursó un protocolo concreto… etcétera.
Mediante el uso de estas tecnologías puedes analizar qué estrategias y tácticas emplean los participantes más destacados, e incorporarlas en otros módulos adicionales o testarlas en la realidad. Es un ciclo de mejora continua que se nutre de datos empíricos. Por supuesto, cualquier empresa puede “sumar 2+2” y comparar el rendimiento de simulaciones con los resultados reales: Por ejemplo, si nuestros vendedores más aventajados en las simulaciones están cerrando más tratos, estaremos validando la efectividad de la simulación.
Estos datos de simulaciones forman parte de un ecosistema más amplio de Learning Analytics que permite a las organizaciones tomar decisiones, basándolas en datos reales de estrategias formativas. Si quieres saber más sobre este campo, te recomendamos leer nuestro artículo Learning Analytics: Hacia una formación más inteligente.
No nos dejemos llevar por la “parálisis del análisis”: Es cierto que hay una gran oferta ahí fuera, pero el mejor momento para comenzar es hoy. No se trata de escoger la tecnología más novedosa e impresionante, sino de identificar qué habilidades necesitamos desarrollar como empresa. Después, seleccionaremos las herramientas de forma acorde, las que mejor se ajusten a nuestro caso.
¡No rompas la hucha aún! Pregúntate qué es lo que mueve la facturación en esta empresa. ¿Qué habilidades sustentan este modelo de negocio? Obviamente, habrá que dar prioridad a aquellas que puedan justificar esta inversión, y más aún si requerimos una solución tan sofisticada. Aportar una solución compleja a una necesidad simple sería desperdiciar recursos.
Para identificar esas brechas de alto impacto, deberás reunirte con RRHH, líderes de equipos de alto rendimiento, y otros puestos de responsabilidad. Evalúa: ¿Cuál es la complejidad y el riesgo? ¿Qué puede salir mal? ¿Actuamos según el procedimiento en situaciones críticas? ¿Dónde podemos mejorar mediante esta formación? Por ejemplo, en ventas, es obvio que debes conocer el producto que vendes, pero también es importantísimo aprender a navegar ante las negativas de los clientes potenciales.
También deberás considerar el volumen de participantes: Si sólo tres personas necesitan una habilidad específica, quizá no tenga sentido desarrollar una simulación de altos vuelos. En cambio, si estamos considerando una formación masiva, cursada por un buen número de empleados, el coste de “inversión per cápita” disminuye, pues haremos uso de las economías de escala.
Ahora que hemos visto para qué suele usarse cada una de estas herramientas, toca elegir la adecuada para desarrollar las habilidades profesionales que buscamos. Ninguna de estas tecnologías es la más versátil, cada una tiene una finalidad concreta y un momento óptimo.
Cuándo usar IA generativa: Si la empresa cuenta con empleados con niveles muy diversos, necesita actualizar contenidos constantemente, y se requiere un asistente con disponibilidad total 24 horas los 7 días de la semana, la IA es la respuesta. De este modo, priorizaremos la escalabilidad, personalizaremos contenidos y ofreceremos un soporte continuo. Es ideal para la capacitación en productos, normativas, políticas de marca, y la “formación” en el sentido más abstracto de la palabra.
Cuándo usar realidad virtual: Si se requiere entrenamiento de seguridad en procedimientos con consecuencias graves, llevar a cabo procesos técnicos complejos, o desarrollar la empatía, necesitas VR. Manipular objetos en el espacio o desarrollar la experiencia emocional requieren de una presencia física. No obstante, sus costes iniciales son significativos, pues incluyen desarrollo 3D, hardware y mantenimiento técnico.
Cuándo usar simulaciones digitales: Si necesitamos gestionar la empresa como un sistema, optimizar sus procesos, elaborar estrategias o formar a los empleados en software especializado. Cuando se trata de decisiones complejas, o entender cómo encajan las partes en el todo y navegar en un entorno con un gran número de variables… te interesa invertir en simulaciones digitales. A su vez, podemos comentar que esta tecnología proporciona un equilibrio elegante: Es más compleja que la formación online, pero más asequible que la realidad virtual.
Ahora bien, quizá hayas notado que es probable que una empresa necesite incurrir en varios tipos, pues ninguna de ellas es la definitiva ni la más versátil. Las soluciones más efectivas son híbridas, y por ello lo más recomendable es combinarlas estratégicamente.
En el caso de formar las aptitudes necesarias para un gran liderazgo, pueden combinarse la IA generativa (para crear contenidos teóricos personalizados), la realidad virtual (para mantener esas conversaciones difíciles como dar feedback y comunicar despidos), y las simulaciones (para gestionar y disponer de una visión sistémica de esos proyectos más complejos) – Como ves, cada tecnología se enfoca en lo que hace mejor.
¡No es una pantomima! Estamos ante un gran salto cualitativo, no sólo cosmético. Tampoco se trata de una mera “versión digital” de lo anterior. Estas nuevas formas de aprendizaje van mucho más allá de los métodos tradicionales y permiten experiencias que antes no eran viables, como la personalización a gran escala, la práctica segura de situaciones de riesgo y la evaluación detallada del rendimiento.
Pero cuidado, no te dejes llevar por un “tecnologismo” o una “sobre-ingeniería” sin sentido. No son soluciones mágicas, y para implementarlas con éxito requerimos de diagnósticos cuidadosos, selección estratégica y gestión del cambio. No obstante, las empresas que logren navegar con éxito obtendrán ventajas competitivas tangibles, como empleados más capacitados, ágiles, menos errores costosos y un mayor compromiso con el desarrollo profesional.
La formación corporativa ha dejado de ser una fuente de gastos administrativos para convertirse en un motor estratégico de potencial. No obstante, recuerda que la sofisticación sólo aporta valor añadido cuando aborda problemas reales y bien identificados. Quizá otras habilidades, más básicas y de menor riesgo, puedan formarse con métodos más económicos. Cada tecnología tiene su momento y lugar óptimo, y debe demostrar un ROI claro.
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