Mindfulness para líderes y managers IT

Mindfulness es una de esas palabras que parece estar en boca de todos desde hace unos años. De hecho, su popularización es patente en las dos últimas décadas: en 2003 se publicaban 53 artículos académicos sobre esta práctica, cifra que aumentó a 477 artículos anuales en 2012. A partir de aquí Internet se inundó de blogs, video-tutoriales, revistas, sesiones guiadas y retiros de fin de semana; un torrente de contenido que arraigó la idea en la cultura de masas. Incluso se han desarrollado apps como Calm y Headspace, que ejercitan el hábito en el usuario y brindan la meditación a gusto del consumidor.

¿Se trata de una moda o realmente hay más allá de lo que puede parecer? En este artículo veremos cómo un concepto central para la milenaria tradición budista acabó tomando por asalto la literatura de los negocios, la psicología popular y el desarrollo personal.

Qué es el Mindfulness - Conceptos generales

A diferencia de la meditación budista, el Mindfulness moderno tiende a acreditarse al profesor Jon Kabat-Zinn, quien en algún momento a finales de los años setenta planteó técnicas terapéuticas experimentales en pacientes de enfermedades crónicas y veteranos con estrés post-traumático. Los resultados de la terapia no fueron sólo mejoras psicológicas sino también físicas. Por citar rápidamente algunas: ansiedad, depresión, adicción, trastornos alimenticios, dolor crónico, déficit de atención, insomnio… El Mindfulness se ha probado en multitud de contextos y aplicaciones posibles, y su utilidad es lo que lo ha llevado a la fama. No obstante, no dejemos que la ubicuidad nos engañe: ¿Sabes qué es y qué significa Mindfulness?

Pues bien, Mindfulness puede traducirse por “plenitud mental”, y sus claves son la Atención y la Consciencia: Mediante la Atención, nos centramos en un hecho, una sensación, un concepto, etc. mientras que mediante la Consciencia tratamos de apreciar las cosas “en conjunto”, una sensación de la realidad sin filtro que rara vez nos paramos a apreciar. Atención es la facultad de la mente cuando se concentra en una única cosa, mientras que la Consciencia es la percepción del momento presente.

Se trata de un estado muy particular, pues toma el control de la mente a través de pura atención: A diferencia del sinfín de estímulos de nuestro día a día (y esos monólogos interminables de pensamientos mal hilados), el Mindfulness rechaza la noción de funcionar mecánicamente. Mediante sus técnicas evitamos conscientemente caer en el “piloto automático” y colocamos nuestra atención en el momento presente, el aquí y el ahora. Es un poco difícil de explicar, pero seguro que poco a poco lo entenderás cada vez mejor.

Beneficios del Mindfulness en la empresa

Los estudios revelan que, supuestamente, la plantilla de nuestra empresa puede tener un comportamiento más ético, mayores niveles de motivación y mejor definición de objetivos futuros, más empatía (y por tanto menor hostilidad y mejor resolución de conflictos), mentalidad más abierta, mayor cohesión entre los miembros del equipo, menores niveles de estrés, mejor conciliación profesional-personal, y por último pero no menos importante, mejor calidad del sueño y del descanso.

Al margen de los beneficios relativos al bienestar social y emocional, el Mindfulness mejora considerablemente la atención, tanto la calidad de la concentración como la capacidad de mantenerla durante más tiempo. Y este, por su propia naturaleza, es quizá el beneficio más evidente. Por usar una sencilla comparación, el Mindfulness es a la cabeza lo que el gimnasio a los músculos. La mente, al privarse de estímulos, se fija en detalles (en apariencia aburridos) durante períodos de tiempo más o menos largos, y esto hace que los músculos de la atención se ejerciten.

A su vez, dichos niveles de atención facilitan una mejor codificación en la memoria, llevando a optimizar la entrada y archivo de información. Esto precisamente ha llevado al Mindfulness a la palestra desde hace unos años en lo que refiere al estudio sobre la prevención y atenuación del Alzheimer.

Como es sabido, un trabajador concentrado es un trabajador efectivo. Al suprimir estímulos innecesarios se alcanza una mayor concentración, se reducen los tiempos de formación en nuevas herramientas (mayor neuroplasticidad) y se eliminan tiempos muertos por distracciones indeseadas en las tareas profesionales del día a día (menos errores y accidentes) — Esto es particularmente notable en el trabajo que requiere capacidad de concentración sostenida e intensa, que el autor Cal Newport denomina Deep Work, donde en la máxima complejidad y productividad se marca la diferencia.

Existen tres cualidades inherentes a la atención que el Mindfulness ha demostrado mejorar con creces, la Estabilidad, el Control y la Eficiencia.

  • Estabilidad: evitamos que la mente divague, y nos centramos en la tarea en curso, no entrando en tiempos muertos asociados a la multitarea, las típicas distracciones por “estar a más de una cosa a la vez”. El autor Josh Kaufman ha venido a denominar a esto Cognitive Switching Penalty, la penalización cognitiva que ocurre a cambiar de una tarea a otra (en el caso de la famosa trampa del multitasking, o simplemente a distraerse).

  • Control: Si la enemiga es la Distracción, nuestra aliada es es la Tracción, la capacidad de dirigir la atención con total voluntad y no dejar que descarrile fácilmente ante estímulos ajenos e irrelevantes. Somos mucho menos susceptibles a las distracciones cuando sabemos interponer un “muro” de raciocinio ante ellas, ignorándolas o posponiéndolas.

  • Eficiencia: El hecho de no realizar tareas “en piloto automático” nos hace conscientes de todos los detalles que entran en juego, dándonos cuenta de lo que de verdad marca la diferencia en el proceso y en el producto final. Esta y no otra es la excelencia que lleva al artista a la maestría de su disciplina. — A su vez, a base de “apagar” procesos mentales inactivos, economizamos mejor nuestros recursos cognitivos, ya que tendremos menos cosas en la cabeza peleándose por nuestra atención.

Mindfulness para líderes y managers

La práctica del Mindfulness es muy recomendable para líderes, tanto si ya lo somos como si aspiramos a tomar el testigo y llegar a serlo algún día. Es más, casi podría decirse que este hábito es el gran ingrediente secreto, pues puede considerarse una de las piedras angulares en esto del leadership. Mencionemos algunas de las habilidades imprescindibles para ser un buen líder que comentamos unos meses atrás. Si bien no todos los grandes líderes practicaban el mindfulness, sí es cierto que la práctica potencie las cualidades necesarias para un liderazgo efectivo:

  • Humildad: Comentamos de la mano del investigador Brad Owens esta triple virtud, pues sirve para (1) ponernos en contexto a nosotros mismos (dentro de la empresa, en nuestras familias, en la sociedad…), (2) tener disposición a aprender y seguir mejorándonos (en este caso, el Mindfulness es particularmente beneficioso, ya que algunos estudios han evidenciado que fomenta el perpetuo aprendizaje) y saber reconocer las fortalezas y contribuciones ajenas, lo cual está muy relacionado con el siguiente punto.

  • Empatía: saber ponerse en la piel de la otra persona también implica aprender a escuchar mejor, conformando y estimulando una mejor comunicación. A su vez, esta empatía extra nos ayudará en la mediación y resolución de problemas personales en el entorno de trabajo y en especial dentro de nuestro equipo.

  • Gestión: la gran enseñanza del momento presente es que cada cosa ha de hacerse a su tiempo. No es una lección para nada desdeñable, pues nos enseña que si evitamos la multitarea optimizamos mejor el uso de la energía y los recursos mentales. Nos hará saber delegar mejor y separar el grano de la paja, para así coordinar efectivamente varios procesos, proyectos, personas, etc.

  • Resiliencia: el hecho de afrontar los varapalos sin caer en el catastrofismo nos da una mayor claridad mental en nuestra vida personal y profesional, y como tal, nos da mejor capacidad para insuflar moral a nuestros subordinados. Por lo general, se trata de pasar a tener una visión más estoica/budista del panorama, y a atacar los problemas con mayor proactividad y entusiasmo.

Estos son sólo algunas de las cualidades que se verán mejoradas en el mánager a través de esta meditación, un hábito fundamental que alterará (para bien) muchas más características inherentes a al rol que desempeñaría un líder ideal.

Cómo se practica el Mindfulness

La ”Plenitud mental” también es traducida por “Atención plena” y como tal, dicha atención puede manifestarse de diversas maneras y ámbitos, siendo relativamente sencillo encontrar huecos en el día a día para practicarla. Simplemente trata de dejar de pensar en el ruido de fondo mental y concéntrate en lo que se estés haciendo en el momento presente, de forma total e incondicional.

La mente tiende a ser muy inquieta, busca estímulos donde no los hay, y como consecuencia nos encontramos en un constante torrente de información. Ahora mismo, por ejemplo, ¿estás leyendo atentamente estas líneas o estás pensando en qué hacer de cenar? Pues bien, a los hechos me remito. Cuando practicamos el Mindfulness ejercitamos el “músculo” de la atención, despejando todo lo que hay en la mente. Dado que es muy difícil dejarla vacía del todo (de esto se ocupa su hermana mayor y más profunda, la meditación), el Mindfulness la llena con pensamientos sencillos y conceptos “puros” que podemos analizar hasta la saciedad.

Por ejemplo: ¿Dónde estamos? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué sentimos? ¿A qué huele el aire que nos rodea? ¿Hace calor, frío? ¿Puedes describir qué captan tus cinco sentidos? ¿Hemos discutido recientemente con alguien y este conflicto está nublando nuestros pensamientos? ¿Estamos ansiosos porque tenemos demasiado estrés ante un evento futuro, como dar una presentación importante? Al pararnos a reflexionar, observamos nuestros pensamientos. ¿Hacia dónde tiende a ir nuestra atención? Hay ideas que pesan más que las demás; unos pensamientos serán más recurrente que otros. Observamos y, ante todo, no nos juzgamos por “interrumpirnos” a nosotros mismos, sino que tenemos en cuenta estos obstáculos. A base de reconocer estos pensamientos intrusos, encontraremos mejor el silencio en lo sucesivo.

También es ampliamente utilizada la técnica de respiración de yoga, por la cual inspiramos, aguantamos, expiramos, aguantamos… y así sucesivamente. Mediante estos ciclos ponemos la atención en la respiración, la cual usamos de a modo de “anclaje” que nos ayuda a despejar la mente. Respiramos con regularidad de forma inconsciente durante toda nuestra vida, pero el hecho de mencionarlo hace que quizá ahora mismo hayas pasado a “modo manual”. En cierto modo, es algo muy similar, pues se trata de evitar que la mente funcione “en piloto automático”.

Para ser mejores en el Mindfulness no necesitamos la parafernalia habitual New Age que es posible que te estés imaginando, sino ser conscientes y buscar huecos para practicar la atención plena en nuestro día a día. Por ejemplo, al cocinar, usando los cinco sentidos en apreciar lo que estamos elaborando, los sabores, los olores, las formas, texturas, etc. esforzándonos en mantener la máxima atención.

Ventajas y desventajas del Mindfulness

Ya hemos mencionado bastantes aspectos beneficiosos a este hábito, pero no por ello vamos a dejar de recapitular rápidamente sus ventajas. También comentaremos algunas de las desventajas más acusadas, especialmente en lo que refiere al mundo empresarial.

Ventajas

Concentración, memoria, neuroplasticidad, resiliencia, creatividad, mejor humor, mejor bienestar y estabilidad emocional, separa lo profesional de lo personal, evita pensamientos recurrentes, ser menos neuróticos, ayuda a dejar de fumar, retarda el envejecimiento… Las ventajas son tantas y avaladas por tantos y tan dispares estudios que parece la parodia de un método revolucionario. ¿Demasiado bueno para ser cierto?

Desventajas

El Mindfulness ha sido malentendido en muchos ámbitos. Permitidme ponerme un poco crítico: En el derecho existe el principio denominado Ignorantia juris non excusat, el cual afirma que el hecho de que no conozcas una ley no te da permiso para incumplirla, no hay excusa posible. En el caso de las empresas y la implantación de jornadas y cursos de Mindfulness puede establecerse un caso similar. Dichas jornadas nunca serán un sustituto del buen trato al empleado. Los beneficios (repetidos una y otra vez en los medios y anteriormente mencionados) como la estabilidad emocional, resiliencia, empatía o la productividad, son un reclamo excelente para implantar estos cursos en la esfera corporativa. No obstante, una plantilla descontenta no se arregla con remedios superficiales, ya que el malestar puede deberse a fallos mucho más profundos, como unas condiciones laborales deficientes. Esto es especialmente flagrante en el caso de algunas empresas tristemente célebres en los medios por su mal trato al empleado, las cuales han implantado el Mindfulness en su plantilla a modo de lavado de imagen.

Por tanto, si inviertes en el Mindfulness como estrategia en pos del bienestar mental emocional etc, de tus empleados, debes fundamentarlo de antemano con unas buenas bases, como unas buenas prácticas y un entorno de trabajo sano. No es posible empezar la casa por el tejado. Es una herramienta útil, sí, pero debe ser la “guinda del pastel” de una gran empresa en la que todos querrían trabajar.


A su vez, los beneficios no son inmediatos en la esfera profesional. En lo personal, basta una buena primera sesión para descubrir que se trata de un hábito muy recomendable a la hora de alejar el estrés, despejar los pensamientos y estar un poco más cerca del bienestar mental que tanto buscamos. No obstante, una organización es un conjunto de relaciones entre muchos y diversos agentes, y por tanto los resultados pueden tardar en apreciarse. Conviene tener en cuenta la inversión como algo a medio/largo plazo, en un marco temporal más extenso de lo habitual, y por supuesto, no se puede meter prisa a los resultados.

Conclusión

Una vez leído este artículo atentamente, debería ser yo quien te pregunte las conclusiones a ti… ¿No crees? — Podemos cerrar con que, a pesar de todas las alabanzas y recomendaciones, este método no es la panacea ni es apto para todo el mundo. Si bien miles de personas lo han intentado y no han sido capaces, otros miles lo consideran un hábito fundamental en su bienestar. Es importante no dejarse llevar por modas sin fundamento, sea en lo espiritual, lo político, en el fitness, en la empresa… Al final depende de cada uno de nosotros y nosotras qué pensar sobre todo esto del Mindfulness. Muy probablemente, también verás estudios que argumenten un escaso fundamento científico de la práctica. Lo que sí sabemos, es que de vez en cuando sienta muy bien salir del torrente de pensamientos y prestar atención al mundo que nos rodea. Y como hemos visto, la atención plena nos sitúa en el camino de unas cualidades que casi pueden considerarse la destilación de lo esencial para un liderazgo efectivo.

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